La guía definitiva para organizar tu lista de tareas

Dos listas

En primer lugar vamos a necesitar dos listas de tareas principales:

  1. Una lista general de tareas, donde vas a apuntar todo lo que tienes pendiente para hacer. Necesitas tenerla siempre a mano, así, cuando surja algo nuevo lo puedes apuntar inmediatamente.
  2. Una lista de tareas para hoy.

Aparte, también puedes tener una lista mensual y una semanal, obviamente, pero estas dos son las más importantes.

Organiza la lista general

Las tareas de tu lista general márcalas con los signos “urgente” e “importante”. Esto te permitirá dar más efectivamente un orden de prioridades a tus quehaceres. El orden que yo más te recomiendo es el siguiente:

  1. Importante y urgente.
  2. Importante.
  3. Urgente.
  4. No importante y no urgente.

Además, apunta cuánto tiempo aproximadamente te va a llevar cada tarea. Aquí es mejor ser lo más pesimista posible, si crees que algo te llevará una hora, apunta una hora y media. Esto te evitará el estrés de la presión de tiempo. Si después te sobra esa media hora siempre podrás dedicarla a otra cosa, pero más vale prevenir.

Las tareas complejas

En el caso de las tareas complejas que consisten en varios pasos, es mejor desgranarlas en “minitareas”. De esta manera, por un lado, te sentirás menos abrumado por esa tarea tan engorrosa, y, además, podrás calcular mejor cuánto tiempo te va a llevar completarla. Piensa cuánto necesitarás para completar cada “minitarea”, suma los tiempos y añade media hora o, por lo menos, un cuarto de hora de margen. Por otro lado no tienes porqué completar todos los pasos de una vez, puedes completar esa tarea compleja en varias tandas repartidas en varios días, por ejemplo.

Elige con cabeza las tareas para cada día

Todos los días vamos a escoger tareas de nuestra lista total para hacer ese día. Esto puedes hacerlo mientras desayunas o el día anterior por la noche. Hay que elegir con cabeza la cantidad de tareas para un día, ya que tienes que comprometerte a realmente completarlas todas, sin posponer. Por ejemplo, si sabes que vas a estar todo el día fuera, porque tienes médico y además tienes que ir a la oficina y después tu hija va a actuar en una obra de teatro (a la que por su puesto que tienes que asistir), obviamente no vas a poder pasar cuatro horas restaurando un mueble de casa, porque, a no ser de que no duermas, no te va a dar tiempo. Mejor adjudicale a ese mueble un día en el que tengas la mañana o la tarde libre.

De esas tareas dos o tres serán tareas clave, es decir, tareas que necesitan más energía, esfuerzo o tiempo por nuestra parte y/o son particularmente importantes. Ubica las tareas clave en momentos estratégicos del día, en los que sabes que estarás más productivo.

Las tareas repetitivas

Hay una categoría de tareas que no entra en este sistema: las tareas repetitivas que no son particularmente importantes pero que tenemos que hacer de todas formas, como, por ejemplo, tareas del hogar, bañar al perro, leer el e-mail, etc. Este tipo de tareas tenemos que agruparlas lo máximo posible y reducir el tiempo que empleamos en ello. Lo mejor es adjudicarles un tiempo específico del día, que va a ser todos los dias el mismo, de forma que simplemente forme parte de nuestra rutina, al igual que la tarea de cepillarte los dientes o cenar (son cosas que no apuntamos en nuestra lista de tareas). Tenemos que tener en mente simplemente “quitarnoslo de encima” y pasar a otra cosa más importante.

No procrastinar

Somos imperfectos todos, a veces la fuerza de voluntad nos falla y no hacemos todas las tareas que nos hemos propuesto, a esto se le llama procrastinar. Además por si fuera poco el mundo puede ser muy imprevisible a veces, o simplemente calculamos mal cuántas cosas somos capaces de hacer, obligándonos de nuevo dejar cosas para mañana. Para no tener tareas permanentemente migrando a mañana (el cual nunca llega, ya que mañana lo dejaremos otra vez para mañana), te recomiendo poner la fecha en cada tarea que pospones. De esta forma serás más consciente de cuánto tiempo la llevas posponiendo.

Espero que este post te haya servido para ser más productivo y sacar más jugo a tu día a día. ¿Y tú, cómo organizas tu lista de tareas?

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7 consejos para hacer Meal Prep y no morir en el intento

Todos queremos comer sano y económico, pero no siempre tenemos el tiempo y la energía para hacer compra y cocinar todos los días. Cuando intentamos ahorrar tiempo, gastamos más dinero en comida, si intentamos ahorrar dinero, nos vemos pasando horas cocinando, y si intentamos ahorrar tiempo y dinero, acabamos comiendo mucho menos sano.

Una manera de conseguir las tres cosas es el Meal Prep. Se trata de cocinar una vez para varios días, de manera que sólo tengamos que sacar el tupper de la nevera, calentar la comida y comerla. ¡¿Qué gran idea, verdad?!

Pero no todo es tan fácil como suena, así que, para hacerte el proceso lo más liviano posible, aquí te dejo 7 consejos para hacer Meal Prep y no morir en el intento.

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1. Cocina para tres/cuatro días

Esto es por dos motivos. En primer lugar comer los mismos tres platos durante toda la semana acaba siendo desquiciante. En mi caso, después de comer pollo en fritada cuatro días casi seguidos, no pude ni ver un guiso de pollo por más de un mes. Y por otro lado la comida no suele durar tres/cuatro días en el frigorífico sin ponerse mala (esto depende también a qué potencia lo tengas puesto). Si no tienes tiempo de hacer Meal Prep más de una vez por semana, lo mejor será guardar en la nevera lo que vas a comer en los próximos días y congelar el resto para la semana siguiente.

2. Planifica de antemano

Suena obvio, pero no todos lo hacemos realmente. No basta con tener en la cabeza qué platos vamos a preparar. Hay que tener en cuenta las cantidades de cada ración y cuántas raciones necesitamos. Lo mejor es hacerse un menú concreto para cada día y a partir de ahí calcular la cantidad exacta de ingredientes. Si no sabes bien cuánto necesitas de cada ingrediente para una ración, te aconsejo que lo mires en las recetas de Internet, ya que ahí pone normalmente para cuántas raciones son las cantidades. Y ya sé que seguramente tu receta personal no va a ser exactamente como la de la página web de turno, pero esto te permitirá por lo menos hacerte una idea de cuánto tienes que comprar.

3. Ahorra pasos

Las zanahorias no es obligatorio pelarlas. Para la salsa de tomate, que después vas a batir, no hace falta cortar la cebolla en daditos perfectos. A lo mejor merece más la pena hacer una boloñesa que unas albóndigas en salsa de tomate, que tienen más o menos los mismos ingredientes, pero tardas más en elaborarlas. ¿Ves por donde voy?

Además, si más de una receta tiene el mismo ingrediente (por ejemplo, cebolla picada fina), es mejor prepararlo todo junto y de ahí repartir. Esto te ahorrará mucho tiempo también. Y ya para llevarlo a otro nivel, si te lo puedes permitir, cómprate un robot de cocina y un procesador de alimentos. Ten en cuenta que tu tiempo también vale dinero.

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4. No todo está bueno recalentado

Hay cosas que son un millón de veces mejores en el momento, como por ejemplo la pechuga o el filete de ternera. He visto muchos vídeos en YouTube de canales de fitness, sobre todo de Estados Unidos, que preparan bistec o pechuga de pollo para recalentarlo al día siguiente. He probado hacer eso, y creedme, no hay quién se lo coma, a menos que lo embadurnes en salsa. Más seco que la mojama y más duro que una alpargata. A lo mejor estoy fallando en algo cuando cocino este tipo de cosas, decidme si tenéis alguna sugerencia…

Pero eso no significa que no podamos facilitarnos las cosas de antemano para que, llegado el momento, cocinar nos cueste muy poco. Podemos dejar la pechuga fileteada,  los muslos de pollo deshuesados y rellenos, las milanesas ya empanadas, la ensalada lista para componer o las croquetas listas para freír.

5. Haz guisos y gratinados

Esto deriva del consejo anterior. Los guisos y pucheros están a menudo incluso más ricos al día siguiente, además son perfectos para congelar. Otra opción genial son los platos que se gratinan en el horno como último paso, como por ejemplo la lasaña, el pastel de carne, o la coliflor con bechamel. Están igual de ricos recalentados y también puedes guardarlos en el congelador sin gratinar. Así, sólo tendrás que meterlo en el horno y en poco tiempo tendrás una comida riquísima.

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6. No experimentes

Ponerte a experimentar con recetas nuevas que nunca antes has probado, cuando cocinas para varios días, es de todo menos una buena idea. Ten en cuenta que preparas comida en grandes cantidades, y si resulta que no te gusta lo que has preparado, tirarás bastante dinero en ingredientes. Me ha pasado. Si quieres probar una receta nueva, haz una sola ración. Y si te gusta, ya lo incorporarás en un próximo Meal Prep.

7. Ten opciones de comida fría

Por último un consejo para los que se llevan la comida consigo al trabajo o a la universidad. No siempre tenemos un microondas disponible para calentar nuestra comida, así que necesitamos opciones de comidas frías para no acabar gastando dinero en comer fuera, o, no sé qué es peor, comiendo un guiso con la salsa hecha gelatina.

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Sin duda, por mi experiencia te puedo decir que hacer Meal Prep resulta muy estresante al principio, las primeras dos semanas el resultado probablemente será desastroso. O bien te darás cuenta que has preparado comida para todo el vecindario y no cabe toda en el congelador, o te verás que en vez de pasar en la cocina dos o tres horas te has estado el domingo entero. ¡Pero ya a la tercera va a la vencida! Es una gozada no tener que cocinar durante toda la semana, y no tener que fregar más que un tupper y un plato cada vez. Y tu bolsillo también lo agradecerá.

Y a tí, ¿se te ocurre algún consejo más para hacer Meal Prep sin morir en el intento?

El Método KonMari

Marie Kondo es una consultora de organización japonesa. Con casi cuatro millones de copias vendidas de sus libros, los cuales han sido traducidos a múltiples idiomas, es una de las 100 personas más influyentes del mundo. Desde pequeña se interesó por la decoración de interiores y por el orden, hasta que un día decidió hacer de su pasión su profesión creando el Método KonMari, que está poniendo en orden las casas y oficinas de medio mundo.

Tres pasos

El método KonMari se resume en tres simples pasos: sacar todo lo de una categoría, decidir qué se queda y qué se deshecha, y elegir dónde ponerlo.
En primer lugar, ordena por categorías y no por ubicaciones. Normalmente estos dos conceptos van de la mano, pero no siempre es así. Podemos tener, por ejemplo, en el dormitorio libros de novelas románticas que leemos antes de dormir, en el salón libros de texto y en la cocina libros de recetas. Ordenar por categorías te ahorrará tiempo y esfuerzo a la hora de llevar a cabo los tres pasos.

Saca todo lo de una categoría

Volviendo al ejemplo de los libros, saca todos los libros (las revistas también) y ponlos juntos en un mismo sitio, sobre la cama, sobre una mesa o sobre el suelo, dependiendo de cuántos tengas. Esto te va a dar una imagen objetiva de cuántas cosas tienes realmente. Aquí nos damos cuenta de cuánto acumulamos.

Decide qué te quedas y qué vas a desechar

Ahora coge los libros de uno en uno y hazte la pregunta: “¿Esto me hace feliz?” Si es así, consérvalo. Si no, tíralo, regálalo, véndelo, dónalo a la biblioteca. Como resultado, al final de todo el proceso, cuando termines con todas las categorías, en tu casa estarás rodeado sólo de las cosas que te hacen feliz. Suena bien, ¿verdad?

Elige dónde ponerlo

El criterio es muy simple: lo objetos de una misma categoría tienen que ir juntos y, además, tiene que resultar fácil colocarlos en su sitio después de utilizar. Si para guardar un libro después de leer tienes que coger una silla de la cocina para ponerlo en el estante más alto que tienes en casa detrás de una caja, probablemente te dé demasiada pereza guardarlo ahí.

Las categorías

Aquí te enumero las categorías por orden. Empieza por la ropa, los libros y los papeles, porque son las categorías más fáciles. Después sigue por la categoría Komono que consiste en todos los demás objetos que tenemos por casa. Y para finalizar ordena los objetos de valor sentimental, que son los más difíciles.

1º: Ropa

La ropa se puede a su vez subdividir en las siguientes subcategorías:
  • Partes de arriba: camisetas, jerséis, etc.
  • Partes de abajo: pantalones, faldas, etc.
  • Ropa para colgar: abrigos, vestidos, trajes, etc.
  • Calcetines
  • Ropa interior
  • Bolsos y similares
  • Accesorios: bufandas, gorros, cinturones, etc.
  • Ropa para actividades específicas: ropa de deporte, ropa para la huerta, uniformes, etc.
  • Zapatos
Como puedes ver, los zapatos y los bolsos está incluidos en la categoría de ropa. Según Marie Kondo este orden de subcategorías resulta ser el más eficaz, de todas formas, en mi opinión, seguir otro orden no afectará necesariamente el resultado o el esfuerzo que suponga el trabajo de ordenar nuestra ropa. Hay que procurar tener la mayor cantidad posible de ropa doblada en vez de colgarla en perchas. Esto te ahorrará mucho espacio. Además, resulta muy práctico tenerla doblada en vertical. Así, cuando sacas una camiseta no se desordenan automáticamente todas las demás, y, aparte, tendrás en todo momento presente cuántas prendas tienes, ya que estarán todas bien visibles.

2º: Libros

De nuevo, guarda sólo los libros que te dan alegría y guárdalos todo juntos. Se pueden ordenar en siguientes subcategorías:
  • Generales: libros que lees por gusto
  • Prácticos: libros de texto, de consulta, recetarios, etc.
  • Visuales: colecciones de fotos, etc.
  • Revistas

3º: Papeles

Aquí la regla de oro es tirarlo todo. Guardar papeles por guardar no tiene ningún sentido, sólo ocuparán sitio y nos darán dolores de cabeza intentando clasificarlos. Pero toda regla de oro tiene excepciones, hay ciertos papeles que no podemos tirar.
  • Papeles de uso ocasional: papeles personales importantes (partida de nacimiento, diploma de la universidad, etc.), pólizas de seguros, contratos y garantías. Estos papeles cabrán sin problemas en una carpeta fina.
  • Papeles de uso frecuente: apuntes de clase, etc. Tienen que estar accesibles y hay que tener cuidado de no acumular. Por ejemplo, sé sincero contigo mismo, los apuntes de las asignaturas que ya has aprobado, o papeles de conferencias o seminarios a los que has asistido, no los vas a volver a tocar nunca. Tíralos sin remordimientos.
  • Papeles que necesitan atención: cartas para enviar, formularios para rellenar, periódicos para leer, etc. En primer lugar, tienen que estar a la vista. En segundo lugar, hay que procurar que la carpeta de “papeles que necesitan atención” esté vacía. Si tiene algo dentro significa que tiene algo pendiente por hacer. Una vez que has completado esa tarea, el papel se puede desechar.

4º: Komono

Aquí la lista de subcategorías podría ser interminable. Éstas son las más importantes:
  • CDs y DVDs
  • Productos para el cuidado de la piel
  • Maquillaje
  • Accesorios
  • Objetos de valor: pasaportes, tarjetas de crédito, etc.
  • Aparatos eléctricos, cables, todo lo que parezca vagamente “eléctrico”
  • Artículos para el hogar: materiales de papelería, juegos de costura, etc.
  • Provisiones domésticas: medicamentos, productos de limpieza, pañuelos, etc.
  • Artículos de cocina y alimentos
  • Otros
Si tienes muchos objetos para una actividad en particular, como, por ejemplo, la jardinería, trátalos como una sola subcategoría.

5º: Objetos de valor sentimental

Ésta es la categoría más difícil, por eso la dejamos para el último lugar. Como siempre, junta todos estos objetos en un sitio y evalúa cada objeto uno a uno. Si no te provoca alegría tíralo sin remordimientos. Si te hace feliz, consérvalo sin importar lo que piensen los demás. Los puedes utilizar para decorar toda la casa o crear un rinconcito personal. También puedes convertir una caja en un “baúl de los recuerdos” que te vaya a alegrar el día cada vez que lo abras.

Disfruta de tu casa

Ahora que tu casa está en orden, puedes ocupar tu mente en cosas más importantes sin que tengas en la cabeza de fondo el “ruido” de “tengo eso desordenado, no me puedo concentrar”. Al fin y al cabo, el orden no es lo más importante, se puede vivir en una casa desordenada. Pero hay que reconocer, que tener la casa abarrotada, sobre todo si tenemos muchas cosas que no tienen un sitio adjudicado, nos impide concentrarnos al cien por cien en nuestros grandes objetivos, como podría ser montar un negocio, ser exitosos en los estudios o educar bien a nuestros hijos. Cuando no tengas tantas cosas, tendrás menos para ordenar. Y si todas tus cosas tienen un sitio adjudicado, el cual, además, es accesible, será muchísimo más rápido y fácil mantener ese orden. Esto supone un importante ahorro de tiempo en nuestro día a día. También ahorrarás tiempo en buscar dónde tienes algo que necesitas, ya que sabrás siempre dónde tienes todo.
Realmente recomiendo mucho los dos libros de Marie Kondo: “La magia del orden” y “La felicidad después del orden”. En el primero encontrarás explicaciones mucho más detalladas de su método, además de otros trucos. Hay que tener en cuenta de que la autora es una persona que se ha pasado toda su vida dedicada al orden y a la organización. En su camino ha acumulado mucha experiencia que ahora comparte con nosotros. El segundo libro es una guía visual de cómo ordenar cada categoría. Enseña, por ejemplo cómo doblar cada tipo de prenda en vertical. Resulta muy útil para ahorrarnos comederos de cabeza a la hora de decidir cómo vamos a poner las cosas en el sitio que le hemos adjudicado para que ocupen menos y, a la vez sean accesibles y fáciles de guardar.
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Cómpralo aquí: La magia del orden : herramientas para ordenar tu casa– ¡y tu vida!

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Cómpralo aquí: La felicidad después del orden (La magia del orden 2): Una clase magistral ilustrada sobre el arte de organizar el hogar y la vida (Cuerpo y mente)